martes, 11 de julio de 2017

NO SUPE ENSEÑARTE QUE ES EL AMOR

Esta obra ha sido elegida en el Concurso de relatos" Afrodita y Eros III" de Letras Con Arte y forma parte de la antología que lleva el mismo nombre.

Para esta ocasión se han presentado 1211 relatos y han sido seleccionados 141 para ser publicados. Este es uno de los publicados (30 de JUNIO de 2017)

Recuerdo perfectamente ese día.
Mi cabeza estallaba; pensamientos, ideas, recuerdos…todo, se agolpaba en mi cabeza.
Entraste en la habitación, no te di tiempo a reaccionar, mis manos aprisionaron tu cuello sin piedad; al principio la lucha fue tremenda, al poco comenzaste a darte por vencido, con ojos implorantes mirándome, mientras se escapaba tu vida, solo un segundo de duda, ¡mi pequeño, mi querido hijo! Casi cedo. Su imagen, muerta y violada en el suelo volvió a nublar mi mente o iluminarla, no lo sé.
Mis manos se agarrotaron en tu cuello hasta que por fin dejaste de luchar y la vida se fue.
No apelo clemencia ¿enajenación mental transitoria? ¡No! Fue a sabiendas, cuando ella le dejo, cansada de aguantar su violencia ¡si, violencia, ahora puedo decirlo! Antes no osaba afrontarlo y reconocerlo; al poco tiempo apareció muerta y violada; le defendí hasta la saciedad ¡estaba tan afectado, la amaba!
Algunas personas le señalaron, le defendí ¡faltaba más! ¡Le veía afectado, roto por el dolor!
Al tiempo tonteaba con otra chica y tonta de mí, me alegré.
Pronto comencé a oír de nuevo escenas de celos tontos, peleas…
Por primera vez intervine y… Sorpresa mí amado hijo gritaba cosas innombrables: todas éramos iguales, putas, salidas, que su padre me había dejado por ser una zorra…
No daba crédito a lo que me decía ¿Dónde estaba mi pequeño?
Esto no había hecho nada más que comenzar, no le conocía. Seguramente siempre fue igual, solo que yo le adoraba, nunca llegue realmente a llevarle la contraria, lo malcrié supongo que para que él no sufriese por su padre; no quería que recordase las palizas, los insultos, los cardenales y heridas con las que cada día terminaba, hasta que marcho.
Limpiando su habitación halle un pendiente con forma de infinito; mi mirada se perdió en él; los recuerdos se agolpaban en la mente a borbotones, comencé a atar pistas y recuerdos; la policía me preguntó por el ¡Dios, ha sido él! Negó haberla visto ese día, desmintió que hubieran quedado como ella había contado.
No me arrepiento,  triste pero cierto, pienso en esa familia que ha perdido a su pequeña, porque tuvo la mala suerte de conocer a alguien como mi hijo.
Pienso que tenía derecho a matarte: mi hijo amado, por él sacrifique todo, no supe enseñarle a amar; necesito estar en la cárcel, olvidar, no pensar, no ver…
Acupuntora, MTC, hipnosis, Dietética y Nutrición.

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